Cañuelas – Las dudas detrás de la investigacion y de las detencion
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Ver Más NoticiasPor Fernando Etchadoy Cañuelas Noticias – 10 de Mayo del 2026 Mientras una jubilada lucha por su vida, la detención del hermano de un homicida siembra más dudas que certezas: las pruebas son frágiles, la presión social es inmensa y la verdad podría estar escapándose entre los dedos.
La víctima es real y su estado es crítico
Lo primero que debe afirmarse con contundencia es que el horror tiene un nombre y un cuerpo: Griselda Arburúa, de 79 años, fue atacada el martes 5 de mayo a las 6:10 de la madrugada en su casa de Perú 555, en el barrio Los Aromos de Cañuelas. Hoy lucha por su vida en la unidad de terapia intensiva del Hospital Cuenca Alta, con un cuadro desgarrador: traumatismos de cráneo, hematomas cerebrales, fracturas faciales y vómitos con sangre. Su hija Mariela reclama, con razón, que la carátula judicial del caso no se limite a un simple robo, sino que refleje la brutalidad del ataque: exige que se investigue como tentativa de homicidio. Ese pedido no es caprichoso; es la traducción de un clamor familiar que se niega a que la vida de una madre valga menos que un puñado de pesos o un título penal menor.
Las dos pruebas y su fragilidad
¿Sobre qué castillo de naipes se sostiene la acusación contra Lautaro Alejandro Mendoza, de 20 años, detenido en la madrugada del sábado 10 de mayo? Básicamente, sobre dos elementos. El primero: una cámara de seguridad captó a un individuo con un pantalón negro de vivos blancos en las inmediaciones de la vivienda de la víctima. El segundo: al momento de su arresto en una casa de la calle Güemes al 100, en el barrio Las Chapitas, el joven vestía una prenda de similares características, la cual presentaba manchas de sangre que, a la fecha, aún no han sido peritadas.
No hay testigos directos que hayan visto al agresor. No se ha cotejado ADN alguno. No se secuestraron en su poder los objetos robados: ni el teléfono celular blanco, ni el sobre entelado con entre 30 y 50 mil pesos que la jubilada guardaba junto a las recetas de su tratamiento oncológico. Todo el andamiaje de la investigación pende del resultado de un análisis que aún no se ha realizado.
El vínculo que ensucia en lugar de aclarar
El factor que los investigadores presentan como un “nexo” entre el ataque a Griselda y el crimen de Guillermo Bastiano —el vigilador asesinado a golpes en la vía pública el 22 de marzo— no es una evidencia criminal, sino un dato familiar: Lautaro es hermano de Alan David Mendoza, de 22 años, detenido por aquel homicidio junto a Franco Ezequiel Guillermo. El comunicado oficial difundido por fuentes cercanas a la investigación sugiere que “con apenas unos años de diferencia, ambos se manejaban por el mismo camino. La ilegalidad, lo marginal, la violencia…”. Ese párrafo no contiene un solo dato probatorio. Es un retrato construido para instalar una idea en la mente de la opinión pública: si uno es violento, el otro también debe serlo. La sociología tiene un nombre para eso: estigmatización por linaje. El derecho penal tiene otro: presunción de culpabilidad, la antítesis del principio de inocencia.
La impaciencia social que no puede ser excusa
Cañuelas vive una seguidilla de hechos violentos que tiene a los vecinos en estado de alerta permanente. En lo que va del año ya se registraron un homicidio, patrulleros incendiados en la localidad de Máximo Paz y entraderas reiteradas. Las redes sociales hierven con reclamos y la presión sobre fiscales y efectivos de la Sub DDI se ha vuelto insoportable. Ese contexto ayuda a entender —que no a justificar— la premura. Una investigación que necesitaría semanas de análisis forense se pretende resolver en días. Y cuando no hay certezas científicas, se recurre a lo que está más a mano: una silueta borrosa en una cámara, una mancha sin analizar y un hermano preso que permite dibujar un “clan delictivo”.
La nota que difundió la información oficial afirma que “se reunieron muchísimas pruebas” y que “serían más que suficientes”. Sin embargo, no enumera cuáles son, más allá del pantalón y las manchas. La fiscala a cargo de la UFI 2 de Cañuelas, con la asistencia de la Sub DDI, mantiene un hermetismo que contrasta con la contundencia de los titulares que ya condenan mediáticamente al detenido. Mientras tanto, una hipótesis alternativa es inevitable: que el verdadero atacante o atacantes sigan sin ser identificados y que la detención del hermano de un homicida funcione como un calmante mediático para mostrar celeridad y silenciar momentáneamente el reclamo.
El código penal y la calificación que la víctima merece
La familia de Griselda ha insistido en que la carátula judicial debe elevarse a la figura de tentativa de homicidio, y no conformarse con el rótulo de “robo agravado y lesiones graves” que figura actualmente en el expediente. Para que ese pedido prospere, la fiscalía deberá acreditar que el atacante actuó con dolo directo de matar, es decir, con la intención inequívoca de causar la muerte de la jubilada. Esta exigencia de dolo directo es el criterio predominante en la jurisprudencia argentina para la tentativa de homicidio, tal como lo han sostenido la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional (Sala IV, 1988; Sala VI, 1977) y la Cámara Penal de Morón (Sala II, voto Borinsky, 1986). No alcanza con que el resultado (las lesiones gravísimas) haya sido atroz: es necesario probar la intención homicida detrás de cada golpe propinado con el caño de gas.
A continuación, se reproduce el marco normativo del Código Penal de la Nación Argentina que resultaría aplicable si se confirmara esa intención de matar en el contexto de un robo:
Artículo 42 del Código Penal (Tentativa): “El que con el fin de cometer un delito determinado comienza su ejecución, pero no lo consuma por circunstancias ajenas a su voluntad, sufrirá las penas determinadas en el artículo 44.”
Artículo 79 del Código Penal (Homicidio simple): “Se aplicará reclusión o prisión de ocho a veinticinco años, al que matare a otro siempre que en este código no se estableciere otra pena.”
Artículo 80, inciso 7 del Código Penal (Homicidio calificado criminis causa): Se impondrá reclusión o prisión perpetua al que matare “para preparar, facilitar, consumar u ocultar otro delito o para asegurar sus resultados o procurar la impunidad para sí o para otro”.
La combinación de estos artículos —la tentativa (art. 42) en función del homicidio (art. 79) o del homicidio calificado por conexión con otro delito (art. 80 inc. 7)— establecería una escala penal que, en su extremo, podría alcanzar los quince a veinte años de prisión en el caso de la tentativa de homicidio calificado. Esta, y no otra, es la calificación que se condice con la brutalidad del ataque descripto en el expediente: un agresor que ingresó de madrugada, cortó la luz para dejar a la víctima a oscuras, la atacó con un caño metálico mientras dormía y le provocó lesiones que la mantienen al borde de la muerte.
Una verdad que pende de un hilo de sangre
Mientras Griselda pelea por su vida, la causa avanza sobre un terreno que dista mucho de ser firme. El detenido quedó alojado en la Comisaría 1.ª a la espera de ser indagado por la fiscalía. Las próximas horas serán decisivas: si el peritaje de las manchas de sangre halladas en el pantalón da negativo, el castillo de naipes se desmoronará estrepitosamente. Pero incluso si el resultado diera positivo, quedará flotando una pregunta incómoda: ¿por qué la comunidad tuvo que leer durante días que dos hermanos “se manejaban por el mismo camino” antes de que existiera una sola certeza forense?
La respuesta, quizás, resida en el hartazgo que recorre los barrios: un hartazgo que ya no tolera atajos ni teorías apuradas. La gente aprendió, a fuerza de casos mal resueltos y de un sistema judicial que muchas veces llega tarde, que un parentesco no es una prueba y que un pantalón manchado sin peritar no equivale a un veredicto. Lo que se exige —y lo que este diario hace propio— es transparencia, evidencia científica irrefutable y un respeto irrestricto por el principio constitucional de inocencia. Porque si el hilo de sangre que sostiene esta investigación se corta, con él podría desvanecerse también la última oportunidad de encontrar a los verdaderos responsables y de devolverle a Griselda, en su cama de hospital, la única justicia que merece.
Por Fernando Etchadoy
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10 de Mayo de 2026
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