El sol no se tapa con las manos. Despedida al Indio Solari !!!
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Ver Más NoticiasPor Fernando Etchadoy Cañuelas Noticias 08 de Junio del 2026 – La despedida multitudinaria al Indio en Avellaneda más de un millón de personas, desnudó la impotencia de una derecha que revive el orden del 78 y castiga al pueblo con tarifas de 300 mil pesos y sueldos que no alcanzan. Kicillof acompañó a la familia, mientras la Ciudad blindaba sus calles como un regimiento.
El olor a pólvora vieja que desde diciembre de 2023 se volvió peste en las calles argentinas encontró el sábado un dique de marea humana.
Cientos de miles de personas —la mayoría laburantes, pibes de barrio, familias enteras con la camiseta de los Redondos tatuada en la piel— bajaron a Avellaneda para despedir a Carlos “Indio” Solari. No hubo estadio que alcanzara ni pantalla que contuviera el río de cuerpos que desbordó el Puente Pueyrredón y las avenidas laterales. La despedida fue el acto político y espiritual más grande del año, precisamente porque el poder intentó hasta último momento que no existiera.
El gobernador Axel Kicillof, junto a la familia del músico, organizó en tiempo récord el operativo que la Nación y la Ciudad se negaron a brindar. Con intendentes del conurbano, movimientos sociales y trabajadores municipales, montaron un santuario laico en el predio de la ex fábrica Siam, en el corazón obrero de Avellaneda, a metros de donde el propio Solari dio sus primeros shows con Patricio Rey.
Mientras tanto, el gobierno de Milei y el macrismo residual apretaban las tuercas:
Vallaron accesos ferroviarios, desplegaron infantería con escudos y lanzagases en Constitución y Retiro, y filtraron a medios afines que se trataba de “un festival de desestabilización”. La Gendarmería paró micros en la ruta 3 y la Policía de la Ciudad armó anillos de control como si custodiasen los estadios del Mundial 78. Las imágenes no necesitaron filtro: un regimiento de uniformados, la misma estética marcial del 78, con el mismo odio de clase que entonces reprimía a los pibes del Nacional y ahora apunta a cualquier expresión popular que no entre en su esquema de shopping y country.
El inconsciente colectivo hecho letra y profecía
Porque lo que no entiende esta derecha de empresarios y funcionarios blindados en sus torres de Puerto Madero es que al Indio no lo velaban solo los “descamisados” que ellos desprecian, sino una memoria subterránea que sus tarifazos no pueden apagar.
Con las tarifas de luz y gas planas en trescientos mil pesos promedio y los sueldos de la mayoría por debajo de ese umbral, la Argentina que votó el ajuste empieza a ver el monstruo.
Comercios cerrados, empresas que echan empleados mediante “crisis sobrevenida”, pibes que no llegan a fin de mes y viejos que pagan la factura antes que los remedios. ¿Cómo van a hacer para que esa sociedad que los votó camine tranquila del lado de la indigencia? La pregunta cruje en las asambleas de barrio y en las colas de los comedores; el sábado crujió también en el grito unánime de “¡Indio, Indio!” que rebotó contra las vallas de la represión.
En ese mismo inconsciente colectivo que el neoliberalismo intenta domesticar a fuerza de policías y redes sociales truchas suenan, intactas, las letras del cantante.
“El futuro ya llegó” retumba como una advertencia cumplida, y la imagen de la “bestia pop” devorándose a la gente encaja con los comunicados de la city que celebran la recesión. No son metáforas: son radiografías. Y sobre ese piso de precariedad, las viejas profecías que corren por los barrios —las de Benjamín Solari Parravicini y las del propio Don Orione, a quien el Indio nombraba con devoción— se escuchan otra vez en boca de los pibes. “El Sol no se puede tapar con las manos”, dice una de las máximas que el santoral popular le atribuye a Parravicini, y eso fue exactamente Avellaneda: un sol negro de millones de encendedores encendidos bajo la lluvia, mientras los drones de la policía sobrevolaban como moscas.
La derecha que añora el 78 y el miedo a lo que no controla
Lo que el sábado quedó en evidencia es que la intransigencia de los poderosos económicos, los empresarios que se reparten los cargos en el gabinete nacional y los funcionarios de la Ciudad Autónoma es, ante todo, miedo. Miedo a una masa que se ordena sola, que comparte el agua, que levanta a los caídos y que se despide con una dignidad que a ellos les falta en sus reuniones de directorio.
Intentaron callar la despedida como intentaron callar al Indio cuando llenaba estadios sin publicidad. Menospreciaron la convocatoria en los portales de noticias y minimizaron el dolor popular tildándolo de “culto pagano”. Pero no pudieron: el rito fue más fuerte que todos los decretos de necesidad y urgencia.
La postal de Avellaneda no fue la del caos que la derecha quería mostrar. Fue la de un pueblo que despidió a su profeta con la misma liturgia de barro y vino con que cantó durante cuarenta años. En los márgenes, los pibes de treinta y cuarenta años —no todos, pero sí los que compraron el discurso del emprendedurismo y hoy se quedan sin changa— miraban la fiesta desde afuera, encerrados en sus departamentos blindados por la inseguridad que ellos mismos votaron. Les vendieron el orden del 78 como un éxito de gestión; hoy les queda el mismo paisaje de regimiento, pero con la heladera vacía.
Reflexión final: la mano que tapa el sol
El gobierno nacional y sus aliados porteños insisten en blindar la ciudad como un cuartel cada vez que el pueblo se junta a despedir a los suyos. Repiten el libreto de los militares del Mundial 78: despliegue ostentoso, palos, gases y un relato mediático que criminaliza la pobreza y santifica la represión. Pero no aprenden: la memoria popular no se licúa con tarifazos ni con policías.
La despedida al Indio Solari demostró que esa Argentina que ellos quieren arrinconar está más viva que nunca, con comercios que cierran pero con vecinos que se organizan, con tarifas impagables pero con ollas populares que multiplican los guisos. El sol no se tapa con las manos, ni con gendarmes, ni con decretos. Lo gritaron el sábado en Avellaneda, lo susurran las profecías de Parravicini y lo tatúan las letras del Indio en la espalda de cada pibe que se niega a desaparecer.
Por Fernando Etchadoy
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08 de Junio de 2026
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