Longchamps – Cayó el secuestrador de mujeres, vive en un country “Barrios seguros para delincuentes”
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Ver Más NoticiasPor Fernando Etchadoy Cañuelas Noticias 21 de junio de 2026 – La pesquisa que desnudó a la banda del Audi negro y sus ataques seriales en el sur del conurbano
El acusado intentó raptar a cuatro mujeres en una sola noche, exigía rescates por billetera virtual y escondía evidencias en un barrio cerrado de Monte Grande. La investigación, paso a paso.
Un depredador con autos de lujo y casa en un country
La madrugada del 14 de junio de 2026 expuso un patrón que los investigadores de la DDI de Lomas de Zamora ya empezaban a rastrear: un hombre que descendía de un Audi negro, tomaba a mujeres por la fuerza y las arrastraba hacia el baúl o el habitáculo. Lo que nadie imaginó al inicio es que parte de esa maquinaria criminal se refugiaba puertas adentro de un barrio privado. Los allanamientos posteriores en el Country Mirasoles de Monte Grande terminaron de dibujar un perfil que incomoda: el sospechoso no era un delincuente ocasional, sino parte de un grupo organizado con alto poder adquisitivo y una brutal precisión para elegir a sus víctimas.
Paso a paso: así se desmontó la banda
La huella digital del rescate
El secuestro extorsivo de un joven de 23 años en Adrogué fue la pieza que encendió las alertas. Los captores exigieron el pago de dos millones de pesos mediante transferencias a billeteras virtuales. Esa decisión, que buscaba inmediatez y anonimato, se transformó en la principal debilidad de la banda. Los agentes de la DDI reconstruyeron el flujo del dinero: identificaron las cuentas receptoras, mapearon movimientos posteriores y llegaron a titulares reales, varios de ellos “mulas” que prestaban sus datos biométricos a cambio de una comisión.
Compras con el celular de la víctima
Mientras la víctima permanecía cautiva, los secuestradores utilizaron su propio teléfono para hacer pagos cotidianos: cargaron combustible en una estación Shell y compraron cigarrillos en una YPF. Esos tickets electrónicos les dieron a los pesquisas coordenadas precisas. Cruzaron los horarios de las transacciones con las cámaras de seguridad de ambas estaciones de servicio y así obtuvieron las primeras imágenes nítidas del Audi negro y del conductor.
Cámaras municipales y patrón delictivo
Con las patentes a la vista y el modelo del vehículo identificado, los investigadores rastrearon los recorridos previos y posteriores del auto a través de los anillos digitales del conurbano sur. Las grabaciones municipales de Ezeiza, Longchamps y Adrogué mostraron la misma coreografía: un Audi estacionaba, un hombre corpulento descendía encapuchado, abría el baúl y abordaba a mujeres que caminaban solas. Así se unificaron cuatro hechos —un secuestro consumado y tres tentativas— en una sola causa federal.
Vigilancia encubierta en Longchamps
Una vez identificada la zona de desplazamiento habitual del vehículo, la DDI montó una guardia discreta sobre la avenida Hipólito Yrigoyen, a la altura del Complejo NIX. Durante horas, los efectivos aguardaron hasta que el Audi negro apareció. Allí interceptaron a Rubén Ballut, de 48 años, sin resistencia. En el interior del auto se incautaron un teléfono celular, un barbijo, un montgomery rojo y varios gorros de lana, todos coincidentes con las prendas que se veían en los videos de los ataques.
Allanamientos que hablan de una doble vida
Con la orden del Juzgado Federal N°1 de Lomas de Zamora, la policía irrumpió en dos viviendas de Monte Grande. Una de ellas, ubicada dentro del Country Mirasoles, aportó el dato que cambiaría la narrativa del caso: los secuestradores no operaban desde un aguantadero marginal, sino desde un entorno propio de un nivel socioeconómico medio-alto. En ese domicilio se halló más vestimenta utilizada en los hechos, entre ella un gorro de lana verde, y documentación que amplió la nómina de posibles cómplices. La fiscalía sostiene que Ballut no actuaba solo; un segundo hombre manejaba el Audi mientras él descendía a capturar a las víctimas.
Reconocimiento en rueda de personas
El joven secuestrado en Adrogué fue convocado a la diligencia judicial. Entre varias personas de similar contextura, señaló sin dudar a Ballut como el hombre que lo mantuvo privado de su libertad y que lo obligó a gestionar las transferencias de rescate. Esa identificación en sede judicial consolidó la imputación por secuestro extorsivo agravado.
La noche del terror en Ezeiza: cuatro mujeres en la mira
El domingo 14 de junio, en pocas horas, el atacante dejó un tendal de víctimas que relataron un mismo horror con escalofriante precisión.
Sandra y Melanie, camino al aeropuerto
Sandra y Melanie, compañeras de trabajo, caminaban hacia la parada del colectivo. Sandra se adelantó unos metros y fue emboscada; forcejeó, cayó al suelo y el agresor le arrebató sus pertenencias. Segundos después, el Audi se movió hacia Melanie, de 19 años. El delincuente la tomó del cuello por la espalda, le tapó la boca y le ordenó: “Quedate callada y metete al auto”. La joven, cinturón negro de taekwondo, aplicó llaves de defensa y resistió. En ese instante, un automovilista particular pasó por el lugar; el atacante se distrajo al confundirlo con un cómplice y Melanie aprovechó para correr hasta una casa vecina, donde una mujer le abrió la puerta y la puso a resguardo.
Dos ataques en la calle Pedro Pravaz
Apenas unas horas después, a las 4:40 de la madrugada, una joven identificada como Berenice esperaba el transporte público en Pravaz y Dorrego. El mismo encapuchado bajó del Audi e intentó arrastrarla hacia el vehículo. Sus gritos despertaron a los vecinos y frustraron el rapto. A solo 200 metros, en Pravaz y Tucumán, otra mujer fue tomada con violencia y llevada a rastras hasta la puerta abierta del baúl. La víctima se arrojó al asfalto para evitar que la subieran y, en el forcejeo, sufrió la fractura de un dedo.
Las cuatro denuncias coincidieron en algo fundamental: el agresor no buscaba robarles, sino subirlas al auto por la fuerza. Esa precisión llevó al fiscal federal Sergio Mola a recalificar los hechos bajo las figuras de rapto y secuestro con fines de abuso sexual, delitos que prevén las penas más graves del Código Penal.
Las pericias al Audi: el auto como testigo mudo
El vehículo secuestrado se transformó en un laboratorio itinerante. La Policía Científica aplicó un protocolo exhaustivo que incluyó:
· Rastreo del sistema de navegación: los peritos informáticos extrajeron el historial de GPS de la computadora de a bordo. Las ubicaciones registradas coincidieron con los sitios exactos de los ataques y con las horas de las denuncias.
· Sincronización Bluetooth: se analizó si el sistema del auto se había emparejado con los teléfonos secuestrados, lo que permitiría probar presencia simultánea de Ballut y de un acompañante en el momento de los hechos.
· Levantamiento de huellas y ADN: en volante, palanca de cambios y manijas se buscaron huellas dactilares que aislaran la identidad del conductor prófugo. Con hisopos en tapizados, apoyacabezas y el interior del baúl se tomaron muestras para hallar células epiteliales de las víctimas.
· Inspección del baúl: por los relatos de las mujeres, el baúl funcionaba como celda de captura. Los peritos buscaron raspaduras en la alfombra, marcas de calzado y fibras de prendas que evidenciaran los forcejeos.
· Prueba de luminol: el interior del habitáculo fue sometido al reactivo químico para detectar rastros de sangre imperceptibles al ojo humano. El objetivo fue constatar si la víctima de Adrogué había sido golpeada durante el cautiverio o si las mujeres heridas en Ezeiza dejaron allí vestigios hemáticos.
Los resultados de estas pericias todavía se encuentran en etapa de análisis, pero los investigadores anticipan que serán la prueba material irrefutable para blindar la acusación.
Antecedentes del acusado y cómplices prófugos
Rubén Ballut ya registraba condenas por robo calificado (2003) y tenencia ilegal de arma de fuego (2021), y había estado alojado en la Unidad Penitenciaria 32 de Florencio Varela. Sin embargo, su regreso al delito mostró un salto de sofisticación: vehículo de alta gama, exigencia de rescates virtuales y un nivel de vida que incluía ampararse en un barrio cerrado.
La DDI mantiene operativos de búsqueda para dar con al menos un cómplice más, el conductor que movilizaba el Audi mientras Ballut ejecutaba los abordajes. La fiscalía no descarta que otras personas hayan facilitado las cuentas virtuales y los refugios.
Un delito que ya no es marginal
El caso expone la transformación de los secuestros en el AMBA: bandas con logística, capacidad de seguimiento y un perfil socioeconómico que desafía los prejuicios. La elección de víctimas en las inmediaciones de countries y barrios cerrados de Ezeiza y la utilización de billeteras digitales revelan una modalidad diseñada para esquivar los controles tradicionales. Pero, al mismo tiempo, confirman que cada transacción electrónica, cada cámara y cada testigo se convierten en la cadena que termina por asfixiar a los captores. El country, lejos de ser un escondite perfecto, se transformó en la sala de exhibición de sus pruebas.
Por Fernando Etchadoy
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21 de Junio de 2026
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